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miércoles, 22 de marzo de 2017

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       Creo que no está nada, pero nada mal, la cifrada de estos últimos días...




martes, 21 de marzo de 2017

José María Merino



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CUADERNO DE LA IMAGINACIÓN
              
       La frontera entre la realidad y la ficción es una relación sobradamente cuestionada en la narrativa contemporánea. En lo que respecta al relato o cuento y su variada extensión, esos mismos términos y la temática esgrimida por los mismos, han sido puestos en tela de juicio a la hora de hablar del género y de su dosificación. Hablaremos de microrrelatos cuando se refiere a una economía del lenguaje y a sus variedades temáticas y argumentales. El escritor José María Merino (La Coruña, 1941) es, a estas alturas, dueño de una amplia labor en el terreno de la narrativa breve. Ahora sorprende a sus lectores con Días imaginarios (2002), cien invenciones literarias, como reza en la contraportada del libro, que contienen toda una miscelánea de textos inclasificables por su heterodoxia y riqueza, tanto narrativa como imaginativa.
       Los textos se parecen a apólogos, esbozos de cuentos, sueños, sentencias, recogen leyendas y mitos o se verifican como auténticos artículos que nos remiten al mundo de su ficción. El escritor gallego ya había recogido en algunas colecciones, Cuentos del reino secreto (1982), Artrópodos y adanes (1987), El viajero perdido (1990), Cuentos del Barrio del Refugio (1990), 50 cuentos y una fábula (1997) buena parte de este mundo. Muchos de los textos que contiene este último libro nos remiten a sus permanentes obsesiones literarias, aunque con esa particularidad del verdadero escritor capaz de compaginar lo clásico con lo moderno, lo humanamente experiencial que conlleva la vida y la literatura. Así, en buena parte de estas historias, se puede hacer un auténtico rastreo de lo cotidiano, como por ejemplo, en los textos denominados, «Del almanaque...», doce en total, que se refieren a los meses del año y a sus fiestas más señaladas: Reyes, Semana Santa, flores de Mayo, vendimia, día de Santos..., y que enlazan con toda una tradición universal.
       Breve ensayo de prosa multigenérica en textos que rezuman magia, sugieren incluso más de lo evidente, contienen imágenes repletas de ironía que remiten tanto a la fantasía como a la cotidianidad. Sabiduría oriental u occidental, erudición para salvar muchas leyendas contenidas en el baúl de nuestros recuerdos y recobradas por la prosa de Merino. Otra interpretación sería la del esbozo de un cuaderno de notas, artefacto válido para interpretar la literatura y lo que confiere su mundo.






DÍAS IMAGINARIOS
José María Merino
Seix-Barral, Barcelona, 2002

lunes, 20 de marzo de 2017

María Tena



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LO  DIARIO
              
       El mundo de lo cotidiano, lo que asumimos diariamente como pretexto para descubrir buena parte de la vida de los protagonistas de, Tenemos que vernos (2003), la primera incursión narrativa de una desconocida  María Tena (Madrid, 1953), quien hasta el momento había publicado algunos relatos, artículos y entrevistas en la prensa. La historia se inicia tras el descanso vacacional de toda una familia, en el sur; un mes de tranquilidad, sin contratiempos, con la exclusiva obligación de cumplir a diario con el rito de visitar la playa, y comer, cenar, dormir o leer sin medida. Las primeras imágenes: una pareja, de mediana edad, vuelve a Madrid en el deportivo rojo que ha adquirido recientemente el marido, uno de esos caprichos que él mismo decidió concederse el día que cumplió cincuenta años; los hijos volverán, al día siguiente, en el coche grande y con el resto del equipaje.
               La narradora reflexiona, tras este pasado paréntesis, sobre el concepto de la vida pasada o, aún más, sobre el desarrollo de su relación de pareja y de su propia existencia durante los más de veinte años de matrimonio; al hilo, se añaden juicios sobre la amistad y las relaciones humanas o sobre el evidente concepto humano de culpa. María Tena elabora este largo diario estructurándolo en dos niveles muy diferenciados: de una parte la historia a contar, ¿la de un amor y un desamor?, y, de otra, los mensajes que, confidencialmente, enviará la protagonista a una desenfadada amiga, según el desarrollo de los acontecimientos, pidiéndole, en cualquier caso, consejo pero sin obtener respuesta. Así asistimos, en un gradual proceso narrativo, a la aparente caída de una mujer, a la velada expresión de sus sentimientos más íntimos y, también, al despertar de nuevas sensaciones, tras meditar sobre ese concepto común de que, pese a todo, siempre es posible volver a empezar. Clara, la protagonista, es una mujer culta que trabaja en una editorial, conoce la profesión y ha tenido cierto éxito en el medio, vive a las afueras de Madrid en una espléndida casa, y de una manera holgada; su marido, Pedro, es arquitecto y dirige una constructora familiar, se ausenta frecuentemente y olvidas sus obligaciones matrimoniales; tienen dos hijos, disfrutan de algunas amistades, hacen vida social y se enfrentan al paso del tiempo. Clara se enfrenta, tras un paréntesis estival, con cierta pereza, a un nuevo invierno. Los acontecimientos se suceden en su vida: la venta de la editorial, un nuevo jefe, nuevas aventuras profesionales, un aparente alejamiento de los hijos y el marido, el paréntesis de una relación extramatrimonial y la aventura a una improvisada vida que cerrará el ciclo vital de la protagonista. Tena acierta con la construcción del personaje femenino, desdibuja deliberadamente los masculinos, pero consigue con la expresividad de un lenguaje cotidiano, con la mansedumbre de un fluir narrativo bien contado, acercar la historia a ese tipo de lectores que disfrutarán descubriendo que muchas de las cuestiones y de las nimiedades de nuestra vida se mueven en ese espacio de autoengaño y de improvisación con que nos sorprende nuestra cotidianidad. Esto es, subsistir a la tragedia de lo diario. 







TENEMOS QUE VERNOS
María Tena
Anagrama, Barcelona, 2003

domingo, 19 de marzo de 2017

Desayuno con diamantes, 103



LABERINTOS DE UNA SOLEDAD

   
        Truman Capote, «enfant terrible» de las letras norteamericanas, es uno de los grandes escritores de su tiempo, inventó el nuevo periodismo literario que tanto éxito le procuró, y llegó a decir: «Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio». La crítica califica a Capote como un autor emblemático por su precocidad, su fascinante aureola de malditismo, y el rigor de su escritura. Su estilo recuerda a los primeros textos de Faulkner, el maestro de la nueva narrativa norteamericana, aunque en el discípulo tanto sueño como realidad se confunden por esa naturalidad de joven prometedor cuando sus referencias personales pasan a sus relatos: su visión narcisista de la homosexualidad y el sexo en general. Sus primeras obras, la novela, Otras voces, otros ámbitos (1948) y los cuentos, Árbol de noche y otras historias (1949) lo consagran como el artífice de una prosa poética perversa en su contemplación mítica de las cosas, o en su visión nostálgica y llamativa de la gran urbe; sin embargo, subyace la mirada del sur como un lugar para la inocencia. Los cuentos, primeros tanteos narrativos del joven escritor, reflejan las lecturas de sus contemporáneos: Carson McCullers y Eudora Welty, aunque en Capote revelan la visión humana de un narrador de raza, cuya estela existencial se envuelve en un aire dramático y satírico, como era manifiesta su indiscutible personalidad, y evidencian, también, esa visión trágica y decadente de un mundo rural sureño que nos proporciona de protagonistas a niños en la calle o ancianos encerrados en los pueblos asfixiantes de esa América profunda tan cinematografía; las alusiones a abundantes episodios autobiográficos del personaje-autor nos obligan a observar esa dolorosa infancia de la que el narrador supo sacar tanto partido.
        “Empecé a escribir a los ocho años, —afirmó una vez, Capote— así, sin más, sin inspirarme en ningún ejemplo. No había conocido a nadie que escribiera; y, ciertamente, conocía a muy pocos que leyeran”. La escritura se convirtió en un rasgo inherente, lo más interesante que escribió por aquellos años de su niñez fueron observaciones cotidianas y sencillas, descripciones de un vecino, cotilleo local, una manera de “ver” y oír” que se convirtió en característica formal de su escritura, y en esa voz de auténtico reportero en sus relatos más tempranos. La editora Anuschka Roshani, señala que en la caja “High School Writings”, depositada en la New York Public Library, pensaban encontrar los garabatos inacabados de un joven imberbe y, para su sorpresa, en ese montón de manuscritos mecanografiados, llenos de anotaciones, se escondían un puñado de relatos de cuando el autor tenía catorce, quince o dieciséis años, publicados originariamente en The Green Witch la revista literaria de su instituto. Las frases que contienen estos Relatos tempranos (2016) desprenden ya, según Roshani, esa melodía capotiana tan inconfundible, y rezuman el aroma a tierra abrasada por los largos y tórridos veranos de los estados sureños: aroma un tanto rancio y lleno de lúgubres presentimientos. En estos textos tempranos de Truman Capote —la curiosidad de esta edición se sustenta, precisamente en estas características— ya encontramos el repertorio de temas, de emociones, de conflictos que marcarían al escritor el resto de sus días. Se trata de narraciones sugerentes que parten de observaciones y de experiencias biográficas propias, tantean experimentos y dibujan retratos; cuentos donde la soledad está presente en cada historia, domina un ansia por salir de las estrechas fronteras de los pueblos del sur, denuncian la dura condición de la gente de color y, en mitad del mundo de la infancia y la vejez, sobresale el amor y la muerte; en el cuento “Esto es para Jaime”, en unas repetidas visitas al parque, el pequeño protagonista entabla amistad con una bella mujer y con el perrito que la acompaña, es el propio Truman, el niño no deseado, que tanto echa en falta el cariño de una madre, el drama se extiende en todo el texto coronado de un aura de misterio, y muestra una especial sensibilidad que emociona; interesante y maduro resulta “Louise”, ensayo sobre la envidia y la venganza, donde se aborda, de forma magistral, el conflicto racial, los prejuicios y la injusticia contra la gente de color.


       Sobresale, en estos catorce Relatos tempranos, la perspectiva cerrada de la infancia de Capote, el joven escritor habla de lo que conoce, y trasciende de las proximidades, o apresa estados universales del alma, siendo aun niño o adolescente. Ricos en una variedad de tonos y de temas que se repiten: el miedo y el enigma asoman, por ejemplo, en “Terror en el pantano”, y la necesidad y la búsqueda del ideal del amor se convierte en el centro de “Si yo te olvidara”; especialmente hermoso, el relato “La señorita Belle Rankin”, la historia de una mujer negra “que parecía demasiado vieja para estar viva” y tenía tanto apego a sus membrillos japoneses que no duda en darle con la puerta en las narices a un comprador dispuesto a pagar una fortuna por ellos. Capote siempre empatiza con sus personajes, aunque es manifiesta su voluntad por experimentar y construir tempranas y nuevas estructuras: significativo, “Tráfico Oeste”, un tríptico narrativo donde el autor se pregunta por el sentido de la vida; en realidad, tres historias, tres situaciones diferentes, con un final como punto de unión, la intención de los personajes de viajar en autobús. Capote introduce en los tres el azar y juega a quebrar el sentido de las narraciones, quiebro que se produce en nuestra vida, capaz de cambiar el rumbo, y el destino. Llama la atención la primera parte del relato, de absoluta actualidad, de una evidente intención anticapitalista, y la paradoja: un ejecutivo convence a sus compañeros a que renuncien a un negocio y obtener beneficios porque, aunque las operaciones sean legales, resultan injustas para los trabajadores.
       Los marginados, los débiles, los solitarios, los enajenados, son ya visibles en estos Relatos tempranos de Truman Capote, que pese a frecuentar buena parte de su vida en la exclusiva y sofisticada sociedad neoyorquina de su tiempo, no dejó nunca de sentirse el niño sureño excluido, el joven diferente y rechazado en continua búsqueda de afecto.

Truman Capote; Relatos temprano; Barcelona, Anagrama, 2016; 181 págs.

sábado, 18 de marzo de 2017

Madrid y las beguinas



     El pasado miércoles 15 fue la presentación oficial de El secreto de las beguinas en Madrid. La Librería El Molar nos acogió y allí estuvieron amigos entrañables y puse cara a otros con quienes tenía contacto literario y no conocía personalmente; fue una auténtica fiesta para mí, y muchos de ellos me demostraron su amistad sincera. Gracias a todos y en próximos días os iré nombrando como merecéis.







Con mi amigo Pepe Bernal

Con mi maestro Pablo Jauralde

martes, 14 de marzo de 2017

Nos vemos...



     Mañana miércoles nos vemos en Madrid: Librería El Molar
Calle Ruda, 19 (La Latina), 19´30 horas.


lunes, 13 de marzo de 2017

Javier Tomeo



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COLECCIÓN DE HISTORIAS
                 
        No hay nada de extraño que, en el mundo de Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932), y en sus libros, aparezcan palomas, leones, tortugas, gallinas, hormigas, gatos o cualquier tipo de animal doméstico o no, hombres miopes, atormentados y solitarios, héroes anónimos, que se incluyen en escenas cotidianas, situaciones inimaginables, perversidades, en definitiva, que otorgan a la credibilidad del mundo actual, esa calificación que se justificaría por sí sola, es decir, que no hay razón posible sin una sinrazón que la haga creíble. Quizá por eso, Tomeo, y creo que sólo por eso, en su narrativa insiste, una y otra vez, en plantear las situaciones más inverosímiles que ningún ser humano pueda pensar, pero con la suficiente credibilidad como para que no resulten fuera de lo humanamente posible. Con sus fábulas, Tomeo, refleja esa inquietante faceta que todos pretendemos mantener y que hace de nuestra vida un enigma tan sólo cifrado o tal vez descifrado por los sueños, como puede leerse en muchas de sus novelas, o en muchos de sus cuentos, en tantas de sus historias, y en definitiva, como otras muchas de las nuestras.
        En Cuentos perversos (2002), su último libro publicado, existe un desorden organizado porque lo que nos propone Tomeo en esta ocasión es un recorrido por una serie de perversidades en su sentido más estricto: treinta y nueve en total, aunque tratándose de un escritor como el aragonés este término va mucho más allá de su acepción y nos convoca a una suerte de costumbres sobre las que hay que disentir en esta vida cotidiana, como es habitual en él. En realidad, se trata de nuevas historias mínimas con esos medios, manifiestamente reducidos, que obligan al lector a elaborar sus preguntas y sus respuestas puesto que, inicialmente, plantean situaciones en apariencia muy sencillas: las múltiples personalidades del protagonista de «El hotel de los pasos perdidos» no es sino, esa voluntad de cambio que todos experimentamos; quién no ha soñado con convertirse en alguien importante, como el Capitán General de «El sargento Gutiérrez», tal vez nadie ha especulado con coleccionar cualquier tipo de aves como el protagonista de «El coleccionista de gallinas», jamás un ser humano no se ha sentido tentado de contar a unas niñas un cuento políticamente incorrecto como el de «Las nietecitas preguntonas» o, tal vez, alguien no ha soñado con matar, definitivamente, a los números como en «Los números muertos». Estos relatos están contados en tercera persona, ofrecen un mínimo diálogo, o una conversación directa, a veces, interrumpida por la brevedad de los mismos. Existe, la misma o parecida parquedad, en la descripción de los lugares y en el tiempo de la acción. ¿Son absurdas muchas de las situaciones que nos plantea Javier Tomeo? Evidentemente el escritor considera que de aquello sobre lo que escribe pertenece a un mundo en que, no necesariamente, se cuestiona la realidad. Su actitud, crítica si la hubiere en sus textos, se aleja de ese concepto social que sacude la visión de nuestros días. Tomeo ha fraguado su mundo experimentando en su propio beneficio y en el de aquellos que quieren seguirlo, algo que no es fácil pero humanamente posible.




CUENTOS PERVERSOS
Javier Tomeo
Barcelona, Anagrama, 2002