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martes, 30 de mayo de 2017

Medardo Fraile



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PINCELADAS           
        La presencia, inequívoca, de Medardo Fraile (Madrid, 1925) en el ámbito literario hispanoamericano: Argentina, Mexico, Venezuela, Cuba o Bolivia, en esta ocasión, no deja lugar a dudas: la suya es una obra de hondo calaje en el ámbito de la lengua castellana a uno y otro lado del Atlántico. En La Paz se publica, En Madrid también se vive en Oruro (2007), una antología de sus cuentos. En una reflexión sobre el género, Jaime Nisttahuz, afirma que Fraile es de esos escasos narradores capaces de regalar en una cáscara de nuez todo un mundo de connotaciones. Sus cuentos más deslumbrantes son tristes, aunque se encuentren salpicados de humor. Melodramáticos quizá, llegan a esa intimidad tan propia de cada persona, añade el ensayista boliviano. La suya es una literatura de pinceladas, con descripciones al paso como en el cine. Nos envuelve con detalles, para darnos una imagen esencial. Esta es la impresión de los lectores de allende de los mares, características que, de alguna manera, vienen a coincidir con las apreciaciones de nuestros críticos más renombrados.
               Manuel Vargas es el responsable de la antología que recoge diecisiete cuentos en total. Los catorce primeros corresponden a los libros publicados por el madrileño a lo largo de su dilatada vida y obra, Cuentos con algún amor (1954), «El retrato», «Una camisa», «Mecanógrafa o reina», A la luz cambian las cosas (1959), «El álbum», Cuentos de verdad (1964), «Aquella novela», «Ojos inquietos», Ejemplario (1979), «El mar», «La tonta», Contrasombras (1998), «Contar los pájaros», «Defensa», Años de aprendizaje (2001), «Lecciones de inglés», «Primeros pasos», Cuentos completos (2004), «La piedra», «La carta» y, solo tres, los últimos, se publican ahora en libro: «Postrimerías», «Amor» y «El sillón»; el primero habla de ese después de haber cumplido los 65 años; el segundo eterniza, aún más, ese ambiguo concepto de cerebro y corazón y, el tercero, se cuentan los sueños y frustraciones de una familia a través de un objeto preciado, un sillón. 
               De un juego o de una invención, calificaba Ángel Zapata, la escritura de Fraile; una sorpresa o quizá un hallazgo que configura el semblante de sus textos. El planteamiento de sus cuentos, en realidad, es algo más o menos que una historia a contar, es decir, un asunto y una trama expandida hacia una enunciación incierta que desestabiliza nuestra sensibilidad. En alguna ocasión hemos leído que su estilo es llano y natural, en su brevedad ofrece, mejor que nadie, esas pizcas de humanidad y de sensibilidad tan necesarias en nuestro mundo. Excelente iniciativa, pues, la de Manuel Vargas de presentar al narrador madrileño ante un nuevo público lector: el boliviano, que sabrá apreciar cuánto sugieren  estos relatos.  






EN MADRID TAMBIÉN SE
VIVE EN ORURO
Medardo Fraile
La Paz (Bolivia), Correveidile, 2007

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