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domingo, 4 de junio de 2017

Desayuno con diamantes, 112



OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DELIBES

       Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores inician la publicación de las Obras Completas de Miguel Delibes, en VII volúmenes, que recogerán la totalidad de la obra publicada por el vallisoletano. La edición de lo que puede considerarse la obra definitiva, ha sido supervisada por el propio autor.

Pedro M. Domene                                                   

      
                                                                                  En el primer volumen de las Obras Completas de Miguel Delibes se afirma que el escritor vallisoletano ha sabido conciliar la hondura y la claridad en su obra, ganándose el favor no solo de la crítica más exigente sino también de una amplia masa de lectores atentos y agradecidos. Al cuidado de Ramón García Domínguez, Ediciones Destino y Círculo de Lectores, proyectan publicar en siete volúmenes la totalidad de la obra que incluye, al novelista, el cazador, al periodista, el ensayista, el viajero o aquellas páginas de recuerdos que se integran con  rigor e integridad en sus textos narrativos. El periodista comprometido con la sociedad de su época y de su tiempo, el cronista y el viajero, el ensayista, así como el hombre de campo, aficionado al deporte de la caza y de la pesca en ese permanente compromiso con la Naturaleza.
                                                                                  Miguel Delibes es un teórico de la novela, el mejor ejemplo de quien a lo largo de su vida ha ejercido de comentarista político, de sociólogo, de zoólogo, de crítico deportivo, de defensor de la pureza del lenguaje, pero sobre todo de notario de la vida española en los últimos cinco decenios. Este escritor de 87 años, nacido en Valladolid en 1920, quien se autocalifica de «hombre huraño, enemigo de protocolos, protagonismos y aglomeraciones», ha dado a la imprenta más de medio centenar de una obra variada entre, novelas, relatos de viaje, experiencias de caza o ensayos de todo tipo. En el otoño de 1982 recibía el Premio Príncipe de Asturias, en mayo de 1991 el Nacional de las Letras Españolas y en abril de 1994 el Cervantes, un premio que calificaba, cariñosamente, como «castigo para alguien que está finalizando su carrera de escritor». Ahora, de alguna manera, ordena y establece los textos definitivos de lo que será su Obra Completa que ha quedado de la siguiente manera: El novelista, I (1948-1954),(La sombra del ciprés es alargada, El camino, MI idolatrado hijo Sisí, La partida, Anexo: Aún es de día) II (1955-1962(Diario de un cazador, Diario de un emigrante, Diario de un jubilado, La hoja roja, La barbería), III (1966-1978), (Cinco horas con Mario, Parábola del náufrago, El príncipe destronado, Las guerras de nuestros antepasados, El disputado voto del señor Cayo, Cuentos: Viejas historias de Castilla la Vieja, Tres pájaros de cuenta y 24 cuentos más) IV (1981-1998), (Los santos inocentes, Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, El tesoro, Madera de héroe, Señora de rojo sobre fondo gris, El hereje), El cazador), El cazador V (La caza de la perdiz roja, El libro de la caza menor, Con la escopeta al hombro, La caza en España, Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo, Mis amigas las truchas, Las perdices del domingo, El último coto, El fin de la perdiz silvestre), El periodista. El ensayista, VI (Vivir al día, El otro fútbol, De la censura de prensa en los años 40 y otros en sayos, Castilla habla,  Pegar la hebra, He dicho,1936-1950: Muerte y resurrección de la novela, La tierra herida, El sentido del progreso desde mi obra, Antologías comentadas, Castilla, lo castellano, los castellanos, Los niños, Adaptaciones teatrales, Cinco horas con Mario, La hoja roja, Las guerras de nuestros antepasados, Recuerdos y viajes, VII (Mi vida al aire libre, Un año de mi vida, Recuerdos y amigos, Libros de viajes, Por esos mundos: Sudamérica con escala en Canarias, Europa, parada y fonda, USA y yo, Dos viaje en automóvil: Suecia y los Países Bajos, Anexo: La Primavera de Praga).
                                                                                  Durante años, la crítica se ha esforzado en señalar que Delibes ha llenado un amplio espacio de la narrativa española actual, «porque su fórmula estética parece hecha a la medida de nuestro tiempo», como aseguraba, Cristóbal Cuevas, en 1991, pero más que a la técnica habría que atender en la obra del escritor vallisoletano a su lenguaje. El novelista convertido con los años en un excepcional comunicador, ha dominado el arte del lenguaje y su obra, basada en un puro anecdotario, ha sabido llenarse de la autenticidad de la vida: conversando con los amigos, en las tertulias y en el trabajo, con los campesinos de su querida Castilla, con los cazadores, con los pescadores, con la gente de la calle, teniendo, siempre, como trasfondo esa palabra viva. Ha sabido adaptarse a las modas literarias por las que, inevitablemente, ha pasado nuestra literatura en los últimos cincuenta años. Si su obra arrancaba de un realismo social, recogía el experimentalismo en los años sesenta y se abría a una definitiva apertura, tras una larga y férrea censura, en los setenta, Delibes supo en todo momento experimentar y construir unas historias que se han venido leyendo, inexcusablemente, a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX, por el valor de lo humano y de la propia iluminación que produce su escritura. Y aún hoy, desde su refugio vallisoletano de la capital castellana o en el pueblo burgalés de Sedano, el escritor puede volver, tranquilo, la vista atrás en esa doble revisión melancólica que ha supuesto gran parte de su vida, dedicada a una devoción que, convertida en oficio, le ha supuesto el reconocimiento definitivo de los lectores, de la crítica y de los estudiosos de la literatura que acuden a la cita de su lectura cada vez que uno de sus libros aparece en los escaparates de las librerías de toda España.

Etapas
                                                                                  Considerada como unitaria la obra de conjunto del escritor vallisoletano, la crítica, sin embargo, ha fragmentado su producción en sucesivos períodos que se concretan en los nuevos conceptos estructurales que se han venido sucediendo en la narrativa española de la última mitad del siglo XX, y de los cuales Delibes no ha sido ajeno. Hay que apuntar que todos sus libros parten de una visión de coherencia equilibrada del mundo. En su obra se distingue una Primera etapa, de un marcado subjetivismo, integrada por algunos de sus primeros libros, La sombra del ciprés es alargada (1948), Aún es de día (1949) y Mi idolatrado hijo Sisí (1953) que constituyen parte del primer volumen de la O.C. con una extensa  «Introducción» de Ramón García Domínguez y un «Prólogo» de Giuseppe Bellini,  quien afirma que Delibes actúa, en sus primeras novelas, como un cirujano en las más secretas dimensiones de sus personajes. Y pese al sesgo trágico de algunas de sus narraciones, se observa un velado optimismo frente al desarreglo del mundo y el menoscabo de los seres humanos; una Segunda, cuyo reflejo es el fuerte realismo social del momento, ese que inicia el escritor con una obra publicada en 1950, quizá una se sus más conocidas y más reeditadas, El camino (también incluido en vol. I de O.C.), a la que seguirán Diario de un cazador (1955), Diario de un emigrante (1958), La hoja roja (1959) y Las ratas (1962). Ese marcado carácter experimentalista con que despertaron los años sesenta, llevaron al escritor a un replanteamiento de su producción novelística que, siempre bajo la fuerza y el valor de la palabra, aún logrará interesar a lo largo de todos estos años: hoy resulta incuestionable el hecho de señalar que Cinco horas con Mario (1966) inauguró en su producción otra forma con que aglutinar unos procedimientos ensayados anteriormente y, que en esta obra, se acentúan por esa marcada actitud crítica y esa particular visión de las experiencias llevadas a cabo a lo largo de su vida como, posteriormente, han podido constatarse en la multiplicidad de libros escritos, por ejemplo, acerca de sus viajes, Europa, parada y fonda (1963), Por esos mundos (1966), USA y yo (1966), La primavera de Praga (1968), recogidos, en buena parte, en el volumen VII. Recuerdos y viajes, de la O.C.. García Domínguez asegura que «quien lea en la actualidad las crónicas viajeras de Delibes debe hacerse cargo de que el lector al que iban dirigidas era ciudadano de un país bajo dictadura, con muy escasas posibilidades de cruzar las fronteras como no fuera en calidad de emigrante, apremiado por la necesidad (...) con la perspectiva de los años transcurridos la relectura de las crónicas (...) tiene por incentivo principal, al escritor mismo, todo cuanto en ellas trasluce de su forma de pensar y de su personalidad». Pero lo más importante, al lector este puñado de libros, es lo que el propio Delibes afirma: «Estoy muy lejos de cualquier forma de narcisismo y por otra parte soy plenamente consciente de las limitaciones de mi personalidad literaria (...) cualquier desahogo intimista me repugna».
                                                                                  Los libros de caza, La caza de la perdiz roja (1963), El libro de la caza menor (1964), Con la escopeta al hombro (1970), que formarán parte del Vol. V, o aquellos textos en los que ha dejado traslucir parte de su propia existencia, Un año de mi vida (1974), Madera de héroe (1972), Mi vida al aire libre (1989), Señora de rojo sobre fondo gris (1991) o He dicho (1996).  A estas alturas, Miguel Delibes, nos ha ofrecido ya una producción tan congruente como definitiva, se ha convertido con los años en un privilegiado espectador del mundo. Los temas recurrentes en su producción han venido siendo la descripción del mundo rural, con apuestas tan críticas como las ensayadas en Los santos inocentes (1981) o El tesoro (1985) o la muerte, puesta de manifiesta en su primera novela y extendida a lo largo del resto de obras hasta llegar a El hereje (1998). En su producción, el léxico, ha venido a marcar una evolución estilística para llegar al dominio de un lenguaje que desembocará en las más variadas expresiones de la narrativa de los últimos años. De rica, precisa y variada, ha sido calificado su expresión; bastarían recordar algunos de los estudios dedicados a su obra, como por ejemplo los de Purificación Alcalá y Francisco Abad. En su primera obra, La sombra del ciprés es alargada ya podían registrarse algunas de estas características, muestra una excesiva abundancia de léxico culto, en consonancia con el empleo de un lenguaje literario y tradicional, pero, fundamentalmente, es a partir de la obra El camino cuando Delibes consigue una auténtica narrativa característica y un estilo que se adaptará al lenguaje de sus personajes, dependiendo del nivel en que se muestran; ocurre con Diario de un cazador y Diario de un emigrante, donde pueden leerse palabras como «cabrear», «jeta», «pela», «pitorreo» y un largo etcétera, pero su mayor logro hasta el momento se encuentra en Los santos inocentes, un texto en el que se alterna la expresión culta con la familiar, una expresión de sencillez y belleza al mismo tiempo.

Su última obra
                                                                                  En el trasfondo de nuestro espíritu existe, casi siempre, ese subconsciente que nos inspira, dentro del mecanismo del conocimiento, un proceso por el cual el saber se alía con la memoria para producir, desde un punto de vista erudito o crítico, el germen para una nueva creación. En este sentido, Delibes, ha sabido contemplar, esa realidad humana y vital de los pueblos y de las gentes de su tierra para ofrecernos, en el conjunto de su obra, las preocupaciones y afanes cotidianos de su existencia. Luteranos e inquisidores son retratados en la última novela ambientada en el Valladolid del siglo XVI, titulada, El hereje (1998). Una historia que reconstruye con cuidadoso rigor una etapa histórica muy conocida en aquella ciudad. Una obra ambiciosa por sus dimensiones, casi quinientas páginas, y por el asunto que trata, el auto de fe celebrado en la Plaza Mayor de la capital castellana contra 28 personas acusadas de herejía, algunas de los cuales fueron agarrotadas y quemadas vivas; unos meses más tarde se repitió una ceremonia similar en la que, de nuevo, 18 personas acusadas de ser protestantes fueron, igualmente, condenadas a muerte, entre ellas el doctor Cazalla, razón y motivo esencial de este relato novelado. Delibes vuelve al espacio geográfico de sus obras anteriores, aunque la ciudad de Valladolid es, en esta ocasión, la destinataria de una dedicatoria entrañable y el ámbito de referencia para fabular la historia de un comerciante de pieles y lanas, Cipriano Salcedo, y todos los conflictos que, en la época retratada, el reinado de Carlos V y los primeros años de Felipe II, se sucedieron en esta importante ciudad de la España Imperial: el fervor erasmista, el reformismo luterano y los acontecimientos que se sucedieron en torno a los correligionarios del teólogo y reformador alemán. Pero por encima del trasfondo histórico, profusamente documentado por Menéndez Pelayo y Juan Antonio Llorente, aparece la figura del protagonista, el joven Salcedo, habilidoso y emprendedor para los negocios como su padre lo había sido, pero de una complejidad humana mucho mayor, porque Delibes lo retrata como un hombre marcado por su orfandad materna, el despecho paterno y un posterior fracaso matrimonial, brillante ejemplo de comerciante avispado capaz de aumentar la considerable fortuna heredada por su padre. Cipriano Salcedo no es un personaje histórico, pero en torno a él se crea un evidente decorado poblado de otros muchos personajes históricos que conforman la historia contada, dotada de esa novelesca visión con que el escritor ha escrito el relato; por encima de todo emerge el discurso narrativo que resulta tan eficaz como acertado. Cipriano Salcedo es atraído por los razonamientos del doctor Cazalla y acaba participando en las actividades de éste y de su grupo, aunque la Inquisición los descubre muy pronto; en realidad, tanto Salcedo como Cazalla, representan la libertad de pensamiento de un pueblo donde la incultura garantiza la posibilidad de destrucción. La objetividad misma de El hereje se muestra en la vehemente mirada conque el escritor toca el tema de la religión, en su ética más profunda, y la herejía, en esa actitud rebelde que ennoblece a estos castellanos porque los actos que los llevaron hasta el patíbulo, no dejan de emocionar, aún hoy, al lector.
                                                                                  Hasta aquí El hereje se muestra como un compendio de toda la obra anterior de este excelente escritor que es Miguel Delibes, porque en esta voluminosa obra están algunas de las principales claves de su escritura: el individuo frente a la soledad y la independencia personal que caracterizan a muchos de sus personajes anteriores. Pero quizá el sentido último de esta novela pueda estar en la dificultad que presupone vivir de una forma honesta, de una forma igualitaria como, de hecho, se lo propusieron este pequeño grupo de herejes, unos hombres que quisieron ejercer su justificación por medio de una nueva fe y por eso estuvieron dispuestos a llegar hasta la muerte, como si, en realidad, de nuevo se tratase de desvelar el eterno sentido de las cosas, como si nuestra propia vida, únicamente, se justificase por nuestros actos y de éstos sólo quedara una mínima estela de nuestro paso por el mundo.
                                                                                  Miguel Delibes afirma, en un breve texto al comienzo de su O.C. que «dicho lo dicho, mi obra está concluida, y por tal la doy. Siempre con el beneplácito de mis lectores (...) a ellos y a cuantos se asomen ahora en las páginas de las Obras Completas, quiero agradecer sinceramente su benevolencia y fidelidad».

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