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miércoles, 30 de agosto de 2017

Pepe Cervera



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HISTORIAS
              
        Los cuentos de Pepe Cervera (Alfafar, Valencia, 1965) simulan, de alguna manera, una hoja de ruta, un camino en el que se nos va dosificando la información de una realidad tan contundente como verosímil. Lo mejor, el relato de relaciones familiares, anécdotas de un pasado reciente, sorpresas y angustias de personajes que conllevan una vida tan singular como anodina que, de la mano de su narrador, confluyen como si de una sola y única historia se tratara. Cervera compone sus historias, selecciona momentos circunstanciales, entrecruza a sus personajes a lo largo de todo el libro y nos ofrece una historia coral resultado de un complejo mosaico.
        Autor de una colección anterior, El tacto de un billete falso (2007), sus cuentos resultan contundentes y tremendamente realistas porque exploran lo cotidiano golpeándolo a cada momento. En estos relatos era importante el espacio geográfico, Alhofra, fácilmente identificable con alguno de los lugares cercanos a donde vive el autor, y la memoria colectiva, la familia, aunque sobre todo, la difícil relación de padres e hijos. En su segunda colección, Conozco un atajo que te llevará al infierno (2009), insiste en instantes significativos, en las sensaciones que nos producen ciertas circunstancias, en la inquietud y el desasosiego con que vivimos diariamente. Una vez más, al autor le asaltan los recuerdos de la infancia, relata la indiferencia de la juventud en dos de sus primeros cuentos, «Verdugos», los problemas de la madurez, incluso los familiares y todo lo aplicable al concepto: amor, adulterio, divorcio, problemas de educación que, en gran medida, soporta el personaje Andrés Tangen a quien seguimos en varios relatos desde que es un adolescente hasta que alcanza la cuarentena, alejado ya de esa mítica visión de la felicidad que caracterizaba su vida pasada, un ejemplo «Como un hombre que sobrevuela el mar».
        La prosa de Cervera es ajustada, utiliza el lenguaje tanto para sorprender como para emocionar al lector, sus historias recogen momentos de soledad, de incertidumbre o, incluso, de cierta nostalgia ante un destino que se prefigura perdido o sin rumbo. Hermanos que se marchan de la casa familiar, peleas entre adultos, esposas que recogen a sus maridos a la salida de la cárcel, separaciones, decisiones que conllevan un cambio de existencia. Un realismo casi sucio con ecos de Fante, Cheever o Carver que reflejan instantáneas de biografías minimalistas para constatar la sinrazón de una sociedad cuya profundidad se hunde en un indescriptible misterio, esto es, la certeza de la vida.     








CONOZCO UN ATAJO QUE TE
LLEVARÁ AL INFIERNO
Pepe Cervera
Málaga, E.D.A. Libros, 2009

lunes, 28 de agosto de 2017

Manuel Jurado López



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VENGANZA
       Manuel Jurado López (Sevilla, 1942) no puede negar su profunda vocación literaria, un hecho que, desde los años 80, le ha llevado a ensayar, y con excelentes resultados, los géneros de la poesía, la narrativa extensa y breve, el ensayo, la crítica, incluso ha desempeñado un extraordinario papel de embajador como conferenciante y ponente por las principales universidades de Europa y Oriente. El poeta sevillano es dueño de una inigualable voz poética personal que ha desarrollado en País de invierno (1992), Poemas de Ginebra (1993), Tango del amor extranjero (1998), Oratorio de Gaza (2004) o Apartamento en Pont Neuf (2007). De igual proporción es su faceta como narrador, Trístula (1985), El bebedor de bourbon (1995), El bereber (2003) y, recientemente, Cómo matar a un poeta (2008), XII Premio Getafe de Novela.
       La novela presenta un extraordinario juego de estrategias que Jurado López desarrolla a lo largo de la trama de la misma y que, pese a un inequívoco y contundente título, Cómo matar a un poeta, derivan en un relato en el que dos enemigos íntimos desarrollan una extraña capacidad para demostrarse así mismos su deseo de autodestrucción: uno es un prestigioso profesor universitario que dirige unos cursos de verano y el otro, amigo de otros tiempos, un mediocre escritor de novela negra, impone al primero su participación en alguno de los seminarios, preferentemente sobre aquello que mejor conoce: la novela policíaca o negra, aunque el trasfondo de toda la historia es desvelar el profundo odio que el novelista tiene a un octogenario poeta, Elías Ramírez, a quien siempre ha considerado como un vate de lírica mediocre y altisonante. En realidad, Manuel Jurado despliega todas sus artes narrativas para ofrecer un relato fluido y armonioso, con abundantes escenas y pasajes donde la ironía, el humor, el sarcasmo planean, además de descripciones y situaciones donde un fino erotismo campea por sus páginas, el alcohol y el mundo de la prostitución, incluso el juego de la metaliteratura muestra así una amplia visión sobre los diversos escenarios donde desarrolla su relato el autor sevillano. El novelista irá salpicando su intrahistoria con aspectos, escenas, vivencias de su existencia hasta el presente, y al final el lector comprenderá cómo este, seudohéroe, se encuentra marcado por el estigma de Edipo desde su más tierna juventud, y solo así llegará a la conclusión de que buena parte del odio, esa sed de venganza, y su propia aniquilación obedecen a un pasado del que se nos muestra una buena parte en las pinceladas que el propio narrador-protagonista ha querido ir configurando en su propio relato, hilvanando el esbozo de una nueva historia de suspense porque al final, como suele ser habitual, en este género aparece un cadáver, y por añadidura, un forense y, por supuesto, un sagaz inspector de policía.
   



CÓMO MATAR A UN POETA
Manuel Jurado López
XII Premio de Novela
Madrid, Edaf, 2008

viernes, 25 de agosto de 2017

El arte de...



Escribir o el hermoso descubrimiento de dominar las palabras.

       Lo que escriben los escritores sobre el concepto de “el arte de escribir” puede resultar, curiosamente, contradictorio y poco afortunado. Y, cuando uno se acerca, a esos pensamientos, parece que, en numerosas ocasiones, su obra ha sido concebida mediante procedimientos literalmente opuestos a lo que la escritura de sus páginas pretende sugerir una vez publicadas. Y menos sorprendente no han sido siempre los clásicos, los más afamados autores, los que mejor han escrito sobre el acto de escribir, sino los que han reflexionado más sobre el asunto, que no deja de ser otro acto más de una forma distinta/ diferente de escritura.


 

       Jean Paul Sastre, afirmaba que “No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan”.

       Y Antón Chéjov, nos sugería: “Un consejo: trata de ser original y, en lo posible, inteligente; pero no temas parecer estúpido, la libertad de pensar es necesaria, pero sólo el que no teme escribir tonterías es libre. No seas relamido, no pulas, sé torpe y audaz. La concisión es hermana del talento”.

       Gustave Flaubert: “Trabaja, trabaja, escribe todo lo que puedas, tanto como tu musa te arrastre”.

       Rosa Montero, “Para mi la escritura es un camino espiritual. Las filosofías orientales preconizan algo semejante: la superación de los mezquinos límites del egocentrismo, la disolución del yo en el torrente común de los demás. Sólo trascendiendo la ceguera de lo individual podemos entrever la sustancia del mundo”.

     “Escribir: levantarme temprano y sentarme ante una páginaWord en blanco o ante aquel fragmento escrito el día anterior; dejar que los minutos o las horas se disuelvan a lo largo de toda una mañana; y luego, esos momentos familiares y el descanso, alguna llamada telefónica pertinente o impertinente; y claro, los amigos y el buen vino, y si al final de todo ese proceso, variado y productivo; esa proyectada entrevista, reseña o artículo, estudio o fragmento de otra nueva novela tienen el sentido, la medida, la precisión y el suficiente cuerpo y fuerza, entonces, eso sería para mí, en toda medida: escribir.
       El resto forma parte de los pequeños fragmentos de una vida que el azar o el destino modelan en función de un caprichoso devenir del paso del tiempo.


miércoles, 23 de agosto de 2017

Pedro Zarraluki



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EL PLACER DE VIVIR
              
       La historia narrativa de Pedro Zarraluki (Barcelona, 1954) es una permanente reflexión sobre el silencio, y un sereno análisis sobre la sociedad o la vida contemporáneas. Varias colecciones de cuentos, Galería de enormidades (1983) o Retrato de familia con catástrofe (1989) y algunas novelas El responsable de las ranas (1990) o La historia del silencio (1994), avalan una trayectoria ejemplar hasta el momento. Como en Un encargo difícil (2005), su anterior entrega, Zarraluki, vuelve en esta ocasión a un espacio muy acotado para contar su historia. El lugar elegido es un pequeño pueblo del Ampurdán, y con el sugerente título, Todo eso que tanto nos gusta (2008), proyecta el conflicto familiar entre un hijo y sus padres, el recuerdo de un hermano y, sobre todo, el propio fracaso matrimonial del protagonista.
       Zarraluki cuenta la historia de unos supervivientes, vuelve al tópico de una vida retirada tras una existencia dramática que protagonizan unos personajes de la burguesía catalana, cuando en su madurez deciden cerrar la puerta de su pasado para emprender una estrambótica huida, inicialmente al Tibet, para recalar en un pequeño pueblo de la costa catalana. Allí se asienta por azar Tomás, un afamado arquitecto, que tras su divorcio con Cristina, huye de una Barcelona decadente y pretende encontrar su lugar en el mundo. Ricardo, hijo de ambos, víctima de una crisis matrimonial con Clara, sigue los pasos de su padre a instancias de la madre y encuentra a Tomás viviendo como un vagabundo en su propio coche. A partir de este momento se inicia el verdadero relato de una impostura con el extraordinario dibujo y la mejor actuación de unos personajes, tan variados como ricos en matices, capaces de mostrar los distintos estamentos de una sociedad caracterizada, en aquel lugar del mundo, por lo amable de sus actitudes: Marcelo que ha descubierto el mundo de la literatura leyéndole a su esposa enferma Paquita; María, la joven taxista, que se debate ante su inminente matrimonio; Lola, la ácrata propietaria del hotelito, cultiva marihuana, vive al margen del cualquier sentimiento de Estado, la no menos excéntrica multimillonaria italiana Barbara Baldova, empeñada en construir en aquel lugar «una ciudad para los creadores», y la prostituta Daryna salvada por Ricardo y a quien regala lo mejor de su arte, completan el cuadro.
       Dos partes bien definidas caracterizan esta novela, una primera de agradabilísima lectura, bien ambientada donde se exponen las vicisitudes de este grupo heterogéneo de ciudadanos del pequeño pueblo, lugar de acogida de los fugitivos; y una segunda, más reflexiva, en la que la familia irá arreglando, poco a poco, sus problemas personales, enfrentándose a sus propios fantasmas, saldando cuentas con ese pasado que a ninguno le parecía lo suficientemente atractivo por conflictivo y desdeñoso. Y cada uno se irá integrando de forma muy particular en la apacible existencia del tranquilo villorrio, mientras el lector percibe que la historia es creíble, el ritmo adecuado, y la tragedia se torna en comedia porque, después de todo y a simple vista, nada resulta fácil en esta vida.








TODO ESO QUE TANTO NOS GUSTA
Pedro Zarraluki
Barcelona, Destino, 2008

lunes, 21 de agosto de 2017

Patricia Esteban Erlés



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INTERIORES             
       Las historias pueden concretarse en un escenario interior, convertido por la magia narrativa en un paraíso, lugar que sirve a los amantes y a los enamorados como el paradigma donde desarrollar sus historias de amor, aunque otro concepto como el de ruindad se convierta, paralelamente, en ese ambiente hostil del que los personajes de Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972) desearían escapar. Al curioso lector no dejarán de sorprenderle que muchas de las historias que contiene Manderley en venta (2008), la primera recopilación de la aragonesa, propicien relaciones duales muy de nuestra época que incluye infidelidades, o esas deliberadas comunicaciones inequívocas, porque toda su narrativa se mueve en el espacio cotidiano en el que entretejen sus vidas sus personajes protagonistas. Con esa dualidad, nos referimos a esa realidad escrita, descrita por el narrador, y esa otra que el escritor le otorga con su pluma, le confiere un nuevo espacio y propicia un nuevo sentido. Quizá por eso, un profundo sentimiento de culpabilidad invade las historias contadas por Esteban Erlés, puesto que, como el propio título indica, todo está en venta.
       En ocasiones, para cimentar esa perspectiva literaria, una trama secreta envuelve las historias de estos diez relatos que, por añadidura, se convierte en otra de sus características, un espacio cómplice con lo narrado, otra posibilidad abierta a esas relaciones amorosas descritas o cerrado cuando llega la ruptura y todo se vuelve extraño alrededor, solo entonces entrevemos en sus páginas: camas abandonas, armarios vacíos, o un profundo silencio. Las posibilidades que abre esta recopilación son infinitas, tras su lectura podemos seguir indagando en esas otras oportunidades que ofrecen estos cuentos porque muchos de ellos contienen una trama enigmática entre las cuatro paredes donde se desarrollan. La variedad también está servida porque el relato que abre el libro, «Una y otra», es un claro ejemplo de ironía, de cinismo pese a que recrea una atmósfera un tanto absorbente y uno no deja de carcajearse con las fantasías sexuales masculinas expuestas y aún más con las femeninas; al mismo tiempo, Esteban Erlés es capaz de recrear otras épocas y así en «Cantalobos» se cuenta una historia de amor en un sanatorio mental de la posguerra española, o recurre a los fantasmas del pasado infantil en un cuento ejecutado de una forma preciosa y magistral como «Historia de una breve alma en pena» que, indiscutiblemente, forma parte de la buena literatura, es decir, aquella que se escribe despojada lo superfluo y de complacencias estéticas. En Manderley en venta la vida en el interior se muestra como ese personaje importante, silencioso y constante, presencia inequívoca de todo lo vivido. Tras su lectura, tal vez, nunca podamos volver a Manderley, pero esta será otra historia a contar.







MANDERLEY EN VENTA
Patricia Esteban Erlés
Zaragoza, Tropo Editores, 2008

domingo, 20 de agosto de 2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Ignacio Martínez de Pisón



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BUENOS Y MALOS
              
       Cuentos tomados de la realidad, siete relatos basados, en su mayor parte, de hechos reales con la República y la Guerra Civil de fondo, así califica, Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) un curioso libro titulado, precisamente, Las palabras justas (2007), una de esas sorpresas que uno agradece porque semejantes publicaciones no proliferan en nuestro panorama literario contemporáneo. Como suele ocurrir en estos casos, la procedencia de estos textos es siempre un artículo de periódico en algún suplemento y forman parte del género del reportaje, así que a los lectores de Martínez de Pisón se nos ofrece la posibilidad de leer y ver reunidos la totalidad de los mismos, si antes no se hubiera hecho, como suele ser habitual.  El caso de «Sender en Casas Viejas» es distinto porque, a parte de ser inédito, ofrece una mayor extensión y una detallada documentación: concebido inicialmente, como señala el propio Pisón, como prólogo a una nueva edición de Casas Viejas (2004).
       El trasfondo: la guerra civil, Aragón, el nombre de varios escritores, episodios sueltos de un pasado cruel, historias de buenos y de malos para, una vez cubierta una  documentación amplia, descubrir que muchos de estos personajes anónimos contribuyeron a la intrahistoria de una realidad reciente. La historia de una maestra y su alumna que, con el paso de los años, coincidieron en la cárcel: la joven como carcelera y la maestra como reclusa. En realidad, la historia de Carmen Castro, directora de la famosa cárcel de la Ventas y María Sánchez Arbós, profesora educada en la Institución Libre de Enseñanza; el episodio de «Canfranc, estación internacional» que durante la Segunda Guerra Mundial estuvo bajo el mando de una guarnición alemana y desde allí se organizaron actividades diversas; entre otras, se habló del «oro de Canfranc»; la traductora Lydia Kúper, unida por su trabajo a la cúpula militar soviética que representaría a la NKVD en nuestra guerra civil, pero sobre todo por ser la mejor traductora de Guerra y paz; Sciascia en Belchite, cincuenta años después; el libro reproduce, en su interior, y en la portada una hermosa fotografía del autor; el caso Sender, citado; la New World Resettlement Fund propiciada por John Dos Passos en favor de los anarquistas españoles refugiados en Sudamérica; o, finalmente, «el extraño policía de la foto» cuando el 22 de febrero de 1959 tuvo lugar en Collioure uno de los más célebres encuentros de la resistencia intelectual al franquismo con motivo del vigésimo aniversario de la muerte de Antonio Machado. Se trata, decirlo de una manera categórica, de esas  injusticias de nuestra historia, en mayor o menor grado, que merecían ser reparadas. Magníficamente desarrolladas por la prosa y el estilo de Martínez de Pisón.  Excelente apuesta de Xórdica apostando con semejante libro.






LAS PALABRAS JUSTAS
Ignacio Martínez de Pisón
Zaragoza, Xórdica, 2008

miércoles, 16 de agosto de 2017

jueves, 10 de agosto de 2017

Andrés Barba



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MÁGICA FANTASÍA
              
       Explorar el mundo de la niñez es quizá la aventura más arriesgada que exista narrativamente hablando. Cocteau publicó Los niños terribles (1950), Sánchez Ferlosio escribió un delicioso Alfanhuí (1951), Golding inmortalizó el tema en, El señor de las moscas (1954) y, mucho antes, Rilke había publicado el espléndido poema, Réquiem a la muerte de un niño (1909). A partir de modelos como los precedentes, Andrés Barba (Madrid, 1975), se sumerge en este mundo aunque con dos planos que se suponen implícitos: uno pertenece, inevitablemente, a la realidad y otro a la fantasía. Uno es el de la experiencia y otro el de la imaginación para contar la historia de Marina, la niña protagonista de Las manos pequeñas (2008). Barba ya había ensayado un tipo de relato donde la fantasía y lo inverosímil caracterizaban el relato, su primera novela La hermana de Katia (2001) y, unos años más tarde, Historia de Nadas (2008) y recientemente, La alucinante historia de Juanito Tot y Verónica Flut (2008).
       Marina, ingresada en un hospital tras el accidente automovilístico en el que mueren sus padres, repite una y otra vez, con una lógica quebrada, y como si de una terapia se tratase, la misma frase: «Mi padre murió en el acto, mi madre en el hospital». Poco después es internada en un orfanato, donde iniciará un juego, que incluye enigmáticos rituales, con una muñeca ante la fascinación y el miedo de sus compañeras, hecho que a lo largo del relato habría que interpretar como algo psicológico para mostrar que el poder de seducción de la muñeca se convierten en el centro de atención de la niña y de sus amigas. Lo brutal, pero inocente de este juego, no dejará de ser un encuentro feliz que les permite, durante algún tiempo, soslayar esa realidad en la que viven y aún no son capaces de entender, porque el lado oscuro de esa realidad va mucho más allá de esa inocencia visión descrita y magnificada por Barba de la que él mismo habrá tenido que salir para terminar su relato.
       Barba escribe sobre las miserias humanas, sobre la soledad, y tal vez, sobre la falta de amor. Actitudes que se subsanan por la inmensa bondad que proyecta sobre sus personajes, en esta ocasión en la niña de Las manos pequeñas que no sabemos si va perdiendo lentamente su inocencia y se convierte así en un personaje memorable que, irremediablemente, hemos de sentir cerca, muy cerca, porque como suele ocurrir en nuestra vida cotidiana, repleta de absurdos, que ni siquiera necesitan parecer verosímiles, nos devuelve la fe en ella. Quizá también porque en un sentido más estricto, buscarle el sentido a la vida es otorgarle significado, aunque en esta novela la sorprendente economía, en un amplio sentido, es lo mejor del libro.





LAS MANOS PEQUEÑAS
Andrés Barba
Barcelona, Anagrama, 2008

martes, 8 de agosto de 2017

José Antonio Ramírez Lozano



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CONTAR UN CLÁSICO
              
       José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950) es un virtuoso de la palabra que logra, tanto con su narrativa como con su poesía, atrapar la lector. Autor de una amplia obra, publica en estos días un singular relato que titula La oca de oro (2008), en realidad, una variante del tradicional juego de la oca, dividida en las 63 casillas que contiene el tablero. Como es habitual en el extremeño, su mundo se configura en un universo singularísimo, atraído por lo «intrahistórico» y lo popular, su particular visión de una Andalucía de adulto o la Extremadura de su infancia, que se imbrica en un espacio mítico personal, desbordado y barroco, plagado de animales imposibles del bestiario medieval, de elementos sacros y de figuras piadosas de santoral ficticio, amablemente parodiados en un ejercicio de desmitificación suavizado por un humor que rehuye en todo momento la crudeza de las situaciones. A propósito de cierto casticismo regionalista, la crítica ha señalado que, estilísticamente, se sitúa en la que con toda probabilidad sea la mejor tradición literaria de nuestro siglo: el esperpento y en las corrientes que heredan sus principios estéticos, por ejemplo, los apuntes carpetovetónicos del mejor Cela.
       Sobresale, en esta singular obra, el juego del lenguaje que Ramírez Lozano domina, un acertado virtuosismo de expresión verbal capaz de mezclar fantasía, imaginación, lirismo y magia a través de las palabras. En realidad, el escritor propone un juego a través de un clásico cuento o, mejor, narra una historia a través de un reputado juego. Lucas, el protagonista, sale una mañana de invierno de su pueblo, Monsalud, para buscar una oca blanquísima que ha huido del corral familiar. Es una oca singular porque iba a traerle la suerte a la familia. Inicia así una búsqueda que llevará al joven a visitar lugares y a conocer tipos muy distintos que, entre otras muchas cosas, le pedirán a cambio de algún favor, una serie de palabras, sonidos con significados y expresiones con argumentaciones que van más allá de una realidad tangible que demostrar, así, el poder y el valor que conlleva el lenguaje y las palabras que irán surgiendo, se convierten en el oro auténtico, el valor real y no meramente simbólico que, en verdad,  sustenta la vida humana.
               La oca de oro es una novela radicalmente original, no aburre en ningún momento al lector y por su estructura, su trama y la disposición de los capítulos se convierte en una rara mezcla de relato fantástico y de novela lírica, una invención que, en ocasiones, resulta difícil de creer, pero que enseña y estimula a jugar, a recrearse con su bien más verdadero y liberador: la fantasía que el autor ha proyectado para su narración y la imaginación que, en ocasiones, resulta más importante que el conocimiento.






LA OCA DE ORO
José Antonio Ramírez Lozano
Palencia, Menoscuarto, 2008

lunes, 7 de agosto de 2017

viernes, 4 de agosto de 2017

Emilio Ríos



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EL AMOR Y LA VIDA



                       Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881- San Juan, 1958) cuya obra adquirió plenitud de sentido a lo largo de su existencia, no ha dejado de generar páginas, monografías y libros sobre su poesía o, incluso, sobre aspectos de su vida más íntima, medio siglo después de su desaparición. Un libro como Juan Ramón, las mujeres y el amor (2007), de Emilio Ríos, sorprende por su contenido, así como por la estructura que emplea el autor bilbaíno para exponer algunos de los capítulos de la vida amorosa del poeta de Noguer, quien llegó a escribir: «La mujer y el amor, es decir, la vida». Cartas, textos, documentos, esbozos, fragmentos de diarios y páginas olvidadas, componen esta selección que, de alguna manera, pone de manifiesto la apasionada vida amorosa de Juan Ramón, amante y amado hasta sus últimos días. Para aclarar estos fragmentos, un narrador (o una voz en cursiva) complementa y aclara los textos que se unen para esbozar el conjunto de ese concepto pasional del poeta.            El libro, dividido en quince capítulos, enumera la prehistoria sentimental, los primeros amores, el eterno y siempre regreso a su Moguer natal, la novia definitiva y la boda y el largo exilio del poeta: Cuba, Estados Unidos, Puerto Rico y, finalmente, la muerte de quien escribiera: ¿qué color es el del amor?, ¿qué llorar es el del amor?, ¿qué rosa es la del amor?, ¿qué dolor es el del amor? El amor es lo que más nos ha unido en iguales al ti y al mí distintos.

JUAN


JUAN RAMÓN, LAS MUJERES
Y EL AMOR
Emilio Ríos
Málaga, e.d.a. 2008