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miércoles, 2 de agosto de 2017

Hanns Zischler



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CINEMATÓGRAFO  

              
       Nadie pudo imaginar nunca que Franz Kafka fuera un apasionado espectador de las primeras proyecciones del cinematógrafo. Dejó constancia de películas que le fascinaron en salas de París, Milán o Múnich, cuando visitaba o viajaba, junto a su inseparable Max Brod, o en las ciudades de su vital trascendencia: Praga o Berlín. Kafka va al cine (2008), de Hanns Zischler es un curioso documento que Minúscula rescata en su colección, Con vuelta de hoja, y que, de alguna manera, amplía la compleja biografía que autores como Wagenbach o Binder llevan recomponiendo desde hace décadas. No es extraño, evidentemente, reconocer entonces en algunas imágenes dispersas a un Kafka yendo al cine en la Praga de 1912 y 1913, junto a sus amigos, según declaraciones del propio escritor checo, en sus cartas a Felice Bauer, quien se convertirá en la espectadora privilegiada de esta inédita pasión kafkiana. En 1984, Zischler, busca en Verona el desaparecido cine Calzoni que Pino Breanza, un reputado historiador local y panadero, le muestra en una antigua fotografía de época, en cuya sala, quizá el checo había llorado con la proyección de la película: La rompecorazones. Con Kafka va al cine el argumento para un nuevo episodio en la biografía del gran escritor está servido. Y, en carta de 22 de agosto de 1908, deja constancia a Brod de su admiración por el fenómeno: «... lo único que puedo decir con certeza es que todavía tendremos que ir juntos durante mucho tiempo al cine...».






KAFKA VA AL CINE
Hanns Zischler
Barcelona, Minúscula, 2008

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